Crítica: El Vengador

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23 junio, 2011 | Archivado en Críticas y Reseñas

EL VENGADOR

Scott Steward

EEUU, 2011

La fiebre de los vampiros no termina por extinguirse. Los hemos visto en todas las situaciones, en todos sus ámbitos, de distintas formas, bellos, espantosos, grandes y pequeños, desnudos o en harapos, vistiendo terno y corbata, buenos y villanos, armados “hasta los colmillos”, pistolas, cuchillos, sables, bazucas, e incluso sin ellas, te enfrentan a puño limpio, algunos saben karate, son ninjas, te hacen llaves especiales, son inmunes al ajo y al agua bendita, no tienen miedo al signo de la cruz y algunos hasta ya les gusta tomar sol; es decir, ya basta con los vampiros, a menos que sea para algo innovador, no como El vengador (2011) que se dedica a reunir todos los argumentos ya aplicados por los de su género.

Basado en una novela gráfica coreana, el director Scott Steward adapta una nueva historia apocalíptica, la tan mentada lucha entre los humanos y sus antagónicos de siempre, los vampiros, unas criaturas mortalmente ágiles y fuertes, inmunes a cualquier ataque que venga a manos de un ser común y corriente, pero frágiles ante las habilidades de los “sacerdotes”, hombres y mujeres que fueron entrenados únicamente para la casería de estas criaturas perversas. El vengador relata la historia de dos sacerdotes y un cowboy que van al rescate de una joven que fue raptada por un ser mitad hombre mitad vampiro.

El contexto de este mundo futurista está fijado en una realidad orweliano, un “Gran hermano” eclesiástico obliga a todos los ciudadanos a mantenerse fieles ante una cristiandad lúgubre y controladora, la que supuestamente a logrado controlar la plaga vampírica enclaustrando a su raza en una gran prisión. El planeta a pesar de estar ajeno a los ataques enemigos está contaminado por un paisaje desolador. El mundo luce infértil y oxidado. En el crepúsculo la luz es tenue y una cortina de cenizas cubre la atmósfera, mientras que en las mañanas el territorio es soleado y árido iluminando pueblos que simulan al viejo oeste, un estado de abandono deplorable. Los humanos son sujetos sucios, visten retazos maltrechos, el hambre y el miedo se reluce en sus rostros, son como animalitos yendo de un lugar a otro, al confesionario, a las misas, a que les laven el cerebro. Nada de esto es nuevo.

El vengador está basado en los rasgos trillados como los fines de la urbanidad, el estado teocrático, la hibridez del vampiro-hombre, las luchas acrobáticas (que por cierto son tremendamente aburridas), ya de por sí todo el género es trillado. El argumento es perezoso, también una vuelta de tuerca dramática sobre que “él no es el padre, soy yo, pero no lo sabe”. Hay un intento por combinar las artes marciales con las balaceras del viejo oeste, pero terminar por olvidarse de ello. La simulación en el modo 3D pasa desapercibida, es infértil. Uno se pregunta cómo es que llegan a salir al mercado este tipo de películas; sí, ya se, lo sabemos.

Crítica escrita por: Carlos Esquives