Crítica: ‘Transformers 3: El lado oscuro de la Luna’
TRANSFORMERS: EL LADO OSCURO DE LA LUNA
Michael Bay
EEUU, 2011
Por Carlos Esquives. Transformers: El lado oscuro de la Luna (2011), tercera y (esperamos) última parte de la saga de los extraterrestres metálicos, no es aburrida como su segunda parte, pero tampoco resulta ser buena o entretenida como la primera. Para ir aclarando, esto no hace de la nueva secuela un intermedio entre sus dos anteriores. Michael Bay en esta nueva versión si bien no aburre, decepciona por todos sus costados haciendo pasar el rato por medio de un derroche de efectos visuales y estridentes sonidos, subestimando al espectador con un relato “simplón” y caricaturesco. Bay hace trampa, nos vende “gato por liebre”, y lo peor es que no nos da oportunidad a decir que la película estuvo aburrida, porque en verdad no lo estuvo. Aunque, insisto, el que no fuera aburrida no es precisamente una buena señal.
Michael Bay no entiende que el hacer una película que sobrepase los 140 minutos no le favorece en lo absoluto. Antes que nada, incluirle más minutos a Transformers no implica que la batalla entre Optimus Prime y Megatron vaya alcanzar los doce rounds, ni mucho menos que gran parte de esos minutos sobrantes se aprovechará en hacerle más primeros planos a las curvas del reemplazo de Megan Fox. No, eso es de directores irresponsables, flojos y sin creatividad. Si la película quiere tener más minutos, entonces se le debe dar más historia, esa la única manera que al espectador no le hagas recordar que estrena un nuevo reloj o que ha tomado mucha gaseosa. Michael Bay lo sabe y es por eso que la historia comienza a ampliarse. Lo que Bay no sabe es elegir a sus guionistas, escritores destinados para un público infantil –y eso –y no para una generación que, por ejemplo, ha decidido dar pie a sus remembranzas infantiles lo cual no quiere decir que los tomen por ello.
“¿y si mas bien traemos nuestro planeta al planeta tierra?”
Transformers argumentalmente parte de un enunciado ya conocido: “¿y si invadimos el planeta tierra?” Claro que su guionista lo cambió a “¿y si mas bien traemos nuestro planeta al planeta tierra?” Vamos, eso sí que es imaginación. Denle un Oscar, por favor. Pero esto es apenas el inicio. La trama nos muestra –nuevamente –a los Decepticons cocinando un nuevo plan. Megatron no escarmienta luego que Prime y los Autobots le han pateado dos veces el trasero (como en los dibujitos), así que prepara una trampa donde sus principales aliados son un humano y un Autobots envejecido (pregunta, ¿los robots también envejecen?, y de paso ¿es que no hay mujeres robots?). Buena fórmula. Si algo se podía esperar es que los humanos nunca dejarán de ser humanos y la traición hacia sus protectores se veía venir, y lo que es más alentador es que además a esta traición se une uno de su misma raza y clan. Muy a pesar, todo esto ocurrirá cuando la película ya está por la mitad y para entonces mitad de la sala ya está “triste”.
Michael Bay recurre a los argumentos baratos, exagera en su comicidad, una que es agradable mas hasta cierto punto, ya luego cansa. Gran parte de la primera mitad deTransformers es un filme lleno de gags y personajes histriónicos o bipolares, esos que nos agradan pero que a mi parecer era más que suficiente con la presencia de John Turturro. A la tropa se agregan Alan Tudyk (Muerte en el funeral) y Ken Jeong (¿Qué pasó ayer?) incluido su apelativo de “the w(r)ong guy”. Y si no fuera poco John Malkovich es la cereza del helado haciendo el papel de un orate. Los personajes de los padres se llevan las medallas de oro, padres de familia sacados de American Pie, seres que son inoportunos al límite. Está ocurriendo una masacre haya afuera y a ellos les importa un bledo, en lugar de eso se ponen a resondrar al muchacho –Shia LaBeouf hace el papel de un personaje de Ben Stiller –le conversan sobre la relación en pareja, un poco de sexo, el chico recapacita y de pronto “ve la luz”, sus padres tienen toda la razón y sale corriendo por la amada. Eso se llama “momento Kodak”, un hecho inverosímil de pies a cabeza. Puedo creer que existen robots que hablan a través de una sintonía radial, pero ¿una reunión familiar en medio de una invasión extraterrestre?
Rosie Huntington representa un elemento carnal dentro del filme, nada más
Rosie Huntington representa un elemento carnal dentro del filme, nada más. El personaje de la mujer sensual parece no abonar una representatividad dentro de la trama fílmica, no hasta que se le ocurre ir a meter cizaña a la cabeza de Megatron, cosa que logra. ¿Qué significa esto? ¿Las mujeres son especialistas para disuadir? O es que acaso Michael Bay se habrá dicho “la mujer no puede estar de manos cruzadas, tiene que hacer algo”, así que la arrastró a gatas hasta donde estaba descansando Megatron a “hablarle a la orejita”; soy la voz de tu conciencia. Megatron le hizo caso, y todo para limpiarle el terreno a Prime y este termine por sacarle la cabeza con todo y espina dorsal, algo que pudo haber ocurrido de una u otra forma ya que habían suficientes Autobots, robots que misteriosamente desaparecían de escena cuando los soldados humanos actuaban pero justo cuando se encontraban en peligro, como por arte de magia aparecían para salvarlos (como en los dibujitos), luego volvían a desaparecer, no se sabe si para ir a matar unos cuantos Decepticons o para echarse una siestita, yo no sé.
Por último, Transformers se da el tiempo para poner su sello de “esta es una película hecha por estadounidenses”. Aparece la famosa banderita flameando, las fuerzas armadas siempre aguerridas, una CIA correctísima al mando de una Frances McDormand que se la pega a comienzos de mala y el perfil político donde se asoma un tal Obama quien ofrece medallas a las que nadie hace caso y una “Torre Trump” siendo el espacio ideal para iniciar una guerra –aunque ya nos enteramos que no postulará para las elecciones; creo que Bay no –. Por cierto, también estuvo en escena Buzz Aldrin, el de carne y hueso, confirmando no solo que el viaje a la luna nunca fue rodado en un estudio de Hollywood, sino que además fueron los tres astronautas del Apolo 11 los que descubrieron primero a los Transformers.






