Muchas películas se dedican a detallar el inicio de las relaciones: esos primeros momentos vertiginosos de coqueteo, la chispa de la atracción y la tensión de las comedias románticas. Sin embargo, la nueva comedia negra The Roses se atreve a explorar el otro extremo del espectro: cuando el amor se desmorona de manera espectacular. Protagonizada por Benedict Cumberbatch y Olivia Colman, la cinta promete ser una de las propuestas más inteligentes y audaces del verano para el público adulto.
El origen de una relación idílica
La película, dirigida por Jay Roach y basada en la novela de 1981 de Warren Adler (que también inspiró la cinta de 1989 La guerra de los Rose), nos presenta a Theo (Cumberbatch), un arquitecto londinense, y a Ivy (Colman), una talentosa chef. Su encuentro es pura casualidad y romance: él, frustrado con sus colegas, se refugia en la cocina de un restaurante y conoce a Ivy. La conexión es instantánea y apasionada. Pronto se casan, tienen dos hijos y se mudan a la Bahía de San Francisco, en Estados Unidos. Su vínculo es tan fuerte que se encapsula en una frase que Ivy le dice a Theo en sus mejores momentos: “Odio a todos, menos a nosotros”. Se presentan como una unidad sólida, un equipo contra el mundo.
El punto de quiebre
Todo parece perfecto hasta que deja de serlo. El punto de inflexión llega de forma catastrófica para Theo: el espectacular museo que diseñó, su obra cumbre, colapsa durante una tormenta. Este fracaso profesional destruye su confianza y su carrera. Irónicamente, esa misma tormenta trae un éxito inesperado al pequeño restaurante de mariscos de Ivy. Con generosidad, ella le sugiere a Theo que se tome un descanso y se quede en casa con los niños mientras ella se dedica a su negocio. Ivy se convierte en una chef estrella, adicta al reconocimiento, mientras que el ánimo de Theo se hunde cada vez más. Él asume la crianza de sus hijos como si entrenara a un ejército en miniatura, convirtiéndolos en atletas disciplinados, lo que genera fricción con Ivy, quien preferiría un enfoque más creativo y libre. Las pequeñas molestias se convierten en un abismo que ninguno de los dos parece poder cruzar.
La casa como campo de batalla
A medida que el matrimonio se desintegra, la lucha de la pareja no se centra en los hijos ni en el dinero, sino en la espectacular casa que construyeron juntos. Durante una entrevista, los actores explicaron por qué este elemento es tan central. “Es porque ambos han invertido muchísimo en ella”, comentó Cumberbatch. La casa representa la redención para Theo después del colapso de su edificio, un proyecto en el que invirtió todo su ser. Para el personaje de Colman, es el arma perfecta. “Ivy piensa que Theo le ha robado a los niños. Entonces ella piensa: ‘Le robaré a su otro gran hijo: su casa'”, explicó la actriz. Para Ivy, quien tuvo que trabajar extra para financiar los costosos caprichos de su esposo arquitecto, como un musgo irlandés carísimo, la casa es también un símbolo de su propio sacrificio. Incluso la única pieza que Ivy logró conseguir a su gusto, la estufa original de la famosa chef Julia Child, se convierte en parte del territorio en disputa.
Una comedia con verdades incómodas
The Roses es una comedia negra que se deleita en mostrar la crueldad que puede surgir entre dos personas que alguna vez se amaron profundamente. La película está llena de diálogos mordaces y situaciones que, aunque exageradas, reflejan verdades incómodas sobre la vida en pareja. Una de las escenas centrales es una cena en la que Theo e Ivy se atacan con tal ferocidad que sus invitados solo pueden observar, horrorizados. Son momentos que no son bonitos, pero que invitan a una risa nerviosa, esa que surge del reconocimiento de lo terriblemente humanas que pueden ser las relaciones. Como sugiere la crítica, ver los problemas de otra pareja en pantalla puede hacer que los tuyos no parezcan tan graves después de todo.
Amigos en la vida real
A pesar de la hostilidad que interpretan en la pantalla, Benedict Cumberbatch y Olivia Colman son amigos desde hace mucho tiempo. De hecho, fue su deseo de trabajar juntos lo que los llevó a este proyecto. Al final del rodaje, su amistad no solo sobrevivió, sino que se fortaleció. “Cuando tienes la oportunidad de trabajar con una amiga tan brillante y fabulosa como Olivia, existe una confianza y una inmediatez que te permiten ir más allá, más rápido”, afirmó Cumberbatch. “Además, ella es tan, tan, tan buena que te obliga a mejorar tu propio juego”. Esta química real fuera de cámaras es, sin duda, lo que permite que la destructiva relación de Theo e Ivy se sienta tan dolorosamente creíble en la pantalla grande.