Stan Lee, el hombre de las maravillas

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El cocreador del Universo Marvel de Spiderman, Los Vengadores y Hulk habría cumplido 100 años.

»¡Verdaderos creyentes, Marvel ha decidido aumentar la calidad de sus álbumes en un cien por cien! Entonces, ¿para qué quieres un aumento del precio del cincuenta por ciento?

Estas palabras, brillantes y al mismo tiempo casi burlonas, como un pregonero, escritas por Stan Lee a principios de los años noventa (cuando los álbumes de Marvel habían pasado de un dólar a un dólar y medio) en su columna Stan’s Soapbox identifican perfectamente al personaje, sobre todo para aquellos que, en Italia, leían también los álbumes de Sergio Bonelli con el editor de Tex, Dylan Dog y Zagor que, a cada aumento de precio de unos cientos de liras, hacía un editorial para disculparse humildemente ante sus lectores.

Stan Lee, nacido Stanley Martin Lieber en Nueva York, hijo de judíos rumanos, el 28 de diciembre de 1922 (hace unos días habría cumplido 100 años), y fallecido en Los Ángeles el 12 de noviembre de 2018 es quizá el personaje más infravalorado y más sobrevalorado de la historia de la cultura pop.

Es sin duda el guionista y editor de cómics más famoso: gracias a sus numerosos cameos en las películas de superhéroes de Marvel, es una especie de icono pop, por lo que muchos lo conocen. Pero, si para el simple aficionado al cine de Marvel, que a menudo no lee los cómics, Lee es un icono pop, el único creador del Universo Marvel, muchos frikis menosprecian su contribución: en realidad se habría apropiado de los méritos de otros, más talentosos y ricos en ideas que él, en primer lugar Jack Kirby y Steve Ditko. Es un enfoque que puede verse, en parte, en libros como »Jack Kirby», de Tom Scioli, una biografía en cómic de otro de los creadores de superhéroes de Marvel, o »Stan Lee», un libro sobre él de Abraham Josephine Riesman, ambos volúmenes publicados por Rizzli Lizard.

Volvamos a 1961.

A principios de la década de 1960, la editorial que se convertiría en Marvel, en la que Lee llevaba trabajando desde que era un adolescente (el editor era su primo político, Martin Goodman) y de la que había sido redactor jefe durante algún tiempo, estaba en plena crisis, a un paso de la quiebra. Lee y Kirby, un dibujante muy bueno pero que lleva años yendo de fracaso en fracaso, deciden apostarlo todo a una nueva serie de cómics, los Cuatro Fantásticos, unos aventureros que durante un viaje espacial reciben superpoderes gracias a unos rayos cósmicos. Los personajes pueden recordar a los Exploradores de lo Desconocido, creados unos años antes por Kirby en solitario para la rival DC Comics (de Batman y Superman). Pero los Exploradores eran cuatro hombres, y todos con caracteres intercambiables; aquí tenemos a dos hombres maduros (Reed Richards y Ben Grimm), una chica (Susan Storm, la novia de Richards) y su hermano, el fogoso Johnny, que suele pelearse con Grimm, convertido en un monstruo de piedra por culpa de los rayos cósmicos.

Son personas, muy humanas, con superpoderes, como más tarde se resumiría como «superhéroes con superproblemas». Les siguen el adolescente empollón Peter Parker mordido por una araña radiactiva que se convierte en Spider-Man (Lee con Ditko), el científico Bruce Banner que se transforma en el monstruoso Hulk (de nuevo con Kirby), Daredevil, el abogado ciego que actúa como justiciero nocturno (con Bill Everett), etc.

No son felices siendo superhéroes: Peter Parker lo hace para expiar su culpa por no detener al ladrón que habría matado a su querido tío Ben, los X-Men son mutantes, tienen superpoderes de nacimiento y viven en un mundo que les teme y odia. Nacía el universo Marvel de los cómics (todos los personajes se conocen e interactúan entre sí), una de las mayores creaciones fantásticas jamás realizadas.

Los lectores se identifican con estos héroes, problemáticos como son, sus álbumes se venden cada vez más, se evita un posible fracaso.

Y Lee refuerza el vínculo con ellos en los créditos: él se convierte en ‘The Man’ o ‘Smilin’ Stan’, Kirby en ‘The King’, Ditko en ‘Sturdy Steve’, su mano derecha Roy Thomas (él mismo un excelente escritor, siempre supo elegir muy bien a sus colaboradores) es ‘The Boy’.

En las editoriales, Lee describe al ‘bullpen’, el personal editorial de Marvel, como una especie de grupo de superhéroes, los lectores son los Verdaderos Creyentes.

Lee no es un guionista clásico: utiliza el Método Marvel que él mismo creó.

En lugar de describir viñeta por viñeta en un guión que luego entrega al dibujante, se limita a proporcionar una breve trama (a veces sólo verbal) y a añadir diálogos basándose en los dibujos que ha realizado. Dibujantes como Kirby y Ditko, también autores completos, pusieron mucho, a veces muchísimo, de su parte.

Pero el diálogo y la supervisión final de El Hombre hacen que todo sea marveliano. Hay ironía, caracterización de los personajes, patetismo. Kirby, que abandonó Marvel en 1970 por desavenencias con Lee, creó muchas series por su cuenta: grandes ideas, dibujos potentes, pero se echa en falta la ligereza de los diálogos chispeantes de Lee.

A principios de los 70 Lee dejó su puesto de editor jefe y se convirtió primero en presidente y luego en el hombre imagen de Marvel, sin dejar nunca por completo de escribir cómics (diálogos, sería más correcto) y hasta finales del milenio siguió firmando una columna en los álbumes Marvel, la citada Stan’s Soapbox.

Y en el tercer milenio, gracias a sus divertidos cameos en las películas de Marvel, un auténtico icono pop, incluso más que ese Hugh Hefner fundador de Playboy al que admiraba, es el guionista y editor de cómics más famoso del mundo.

Los últimos años entre la popularidad y la polémica

Pero, a partir de los noventa, también debido a una entrevista de un Kirby decepcionado por la forma en que fue tratado por Marvel (no sólo, como Lee, no tenía los derechos de los personajes, sino que sólo conseguiría recuperar parte de sus tablas originales tras una batalla legal) comenzó la polémica sobre la grandeza real de ‘El Hombre’.

Polémica que crece entre los fans más frikis en paralelo a la popularidad de Lee gracias a sus cameos en la película: según algunos, Lee sería considerado demasiado, dada la grandeza (de los dibujos, pero también de los temas) de un Kirby, el verdadero rey del cómic, como el propio The Man lo definió.

Muchos han intentado relativizar la contribución creativa de Lee», escribe el director del mensual Linus, el dibujante Igort, en el número de diciembre, dedicado casi por entero a Stan Lee. – Hasta el punto de querer encontrar elementos criticables en todas partes, como parece hacer Abraham Josephine Riesman, con un tono moralizante, acusándole de mentir. Decir que un guionista mintió, o peor, que mintió descaradamente, sería como acusar a un caballo de ser cuadrúpedo. El caballo es eso, un cuadrúpedo. Exactamente igual que un narrador es aquel que inventa historias’.

Pero probablemente la respuesta más eficaz a estos detractores la dio el antiguo editor y guionista de Marvel Danny Fingeroth, que había trabajado durante mucho tiempo con El Hombre, en el ensayo »Stan Lee. Una vida maravillosa»:

» Stan Lee, con su trabajo como narrador y editor, su columna en los álbumes Marvel y sus respuestas en la página de correo, creó la voz de Marvel. Él mismo era un personaje del Universo Marvel. Por eso sus cameos en las películas de Marvel siempre parecían naturales, casi esperados. Cuando leías un cómic de Marvel, parecía que te hablaba directamente a ti. Claro, tenía sus defectos, como cualquier ser humano. Su problema era que la gente no le comparaba con otro editor o autor, como George Lucas de La guerra de las galaxias. Pero a… Stan Lee».

»¡Excelsior!», comentaba Lee en su Soapbox.

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